Bienvenidos al Blog

Bienvenidos a mi espacio personal, dedicado con mucho cariño y dedicación, a la vida en milicia, de ayer, hoy y todos los tiempos. En este blog iré colgando mis breves relatos, de esos que se escriben en momentos de inspiración, y que salen del corazón.

En ellos no hay ni motivaciones ideológicas, ni representación alguna de críticas o quejas, sencillamente son un compendio de ficciones literarias, que dedico a los españoles de todos los tiempos, que en un momento u otro de la historia de España, estuvieron, han estado o estarán vinculados con la vida en la Milicia, que han convivido con sus virtudes, sus defectos, sus emociones, sentimientos, pero sobre todo han sentido en sus espíritus, esas palabras que escribió Calderón de la Barca, y que rezaba en una estrofa aquello de "... la milicia no es más que una religión de hombres honrados...".

La espada y la pluma han sido compañeros de viaje durante toda la historia, y siempre se han respetado cuando la lid ha sido justa. Agradezco a todos los visitantes su tiempo por dejarlo aquí, y agradezco los comentarios que obviamente me servirán para mejorar
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martes, 20 de marzo de 2012

Los Tiradores de Sang Atesh


El primer disparo ni siquiera llegaron a oírlo, sencillamente algo levanto polvo sobre el árido suelo de aquella maldita FOB en Sang Atesh, en Afganistán.  El Cabo primero Domingo se parapetó en los sacos terreros que quedaban a su derecha.  Fue un acto reflejo, el mismo que le llevó a quitar el seguro de su G36E, el mismo que le llevó a conectar su visor holográfico Eotech, y el mismo que le llevo en un par de segundos a situarse en actitud defensiva apuntando su fusil hacia el monte que tenía delante.

A su lado se encontraba el Caballero Legionario Cayo, que ya estaba respondiendo al fuego.  Con mucha disciplina de fuego, el legionario disparaba pausadamente pero con terrible intención.  Había localizado en su sector de tiro, un objetivo.  Apenas una mancha oscura que discurría entre unas piedras.  Disparaba secuencialmente, despacio, sin prisa, sin dejar a la mancha oscura que estuviera cómodo detrás de las piedras.

miércoles, 14 de marzo de 2012

La Huida


Los ruidos del bosque no amedrentaban a Sergio, los oía, los entendía, los descartaba. Sólo se quedaba con el ruido de las ramas quebradas, el jadeo de cuerpos fatigados, que como él seguían y seguían incansablemente detrás de su presa.

Sergio corría, trepaba, saltaba, se paraba, escuchaba, cogía aire, y volvía a correr. Sus perseguidores no daban tregua, exhaustos y cansados, sabían que él estaba cerca, y por ello esa sensación de victoria cercana, les impulsaba a seguir.